La gente que imagina no imagina, sólo recuerda
las memorias de una vida que sólo puedes imaginar.
Las imágenes no son recuerdos, sino visualizaciones de aquellos mundos
perdidos, difíciles de enfocar.
Lejanos, pero que sientes tan próximos.
Tan próximos que notas su calor, su frío y sus colores,
que casi puedes tocar todos sus dolores.
Agonizan profundos, en oscuros rincones bajo tierras que no conoces
siendo devorados por insectos imaginarios,
siendo procesados por el metabolismo de un planeta que no existe,
con plantas que respiran un aire raro y denso, cargado de plata y mercurio,
con rios de agua viscosa y peces con muchas manos.
Es un universo en el que nada tiene demasiado sentido pero que existe
porque nadie puede olvidarlo.
O dejar de imaginarlo.
