jueves, 21 de marzo de 2013

Hipnosis

Al menos me muero,
otro día,
sola.

Espero,
que el paso muerto de este vuelo deje un rastro profundo de lo que fue este viaje rastrero.
Y me muero de hambre,
de lo que nunca comí,
como todos esos días en los que decidí dormir.

Y ver poco a poco fragmentos del futuro nunca digerido,
con el escozor subyacente de las cosas que recuerdas,
que me duelen en la cabeza cuando sangro, cuando parpadeo o cuando simplemente, sobrevivo.
Está todo intrínsecamente enredado en mi pelo,
en los días en los que en vez de dormir, me muero.
En las tardes en las que no soy, ni dejo ver, ni dejo sobrevivir.
Ni nada, ni nadie, con nada, con nadie, conmigo y sin mi.
Aprendiendo a sobrevivir, agonizando por existir.
Y cada día un poquito más
muerta.

martes, 5 de marzo de 2013

Ramajes torrenciales.

Se me olvidaría que pasa el tiempo,
si no fuera porque pasa delante de mis narices corriendo.

Si quisiera olvidarme mi nombre en el viento, ya lo habría hecho,
pero resulta que lo llevo anudado en el pecho.

Puede que las ventanas lloren con la lluvia de los días fríos,
y cada mañana despierte sin saber si mis ramas alcanzaran algún día el cielo.

Y cada noche entierro una a una las estrellas que me miran mientras arden,
mientras mato lentamente los segundos respirando este aire tan crudo, tan violento, tan vivo y tan muerto.

Todo está envejeciendo. Todo está muriendo. Cada vez más deprisa.



Suéltalo. Al final, todo es un peso muerto.