otro día,
sola.
Espero,
que el paso muerto de este vuelo deje un rastro profundo de lo que fue este viaje rastrero.
Y me muero de hambre,
de lo que nunca comí,
como todos esos días en los que decidí dormir.
Y ver poco a poco fragmentos del futuro nunca digerido,
con el escozor subyacente de las cosas que recuerdas,
que me duelen en la cabeza cuando sangro, cuando parpadeo o cuando simplemente, sobrevivo.
Está todo intrínsecamente enredado en mi pelo,
en los días en los que en vez de dormir, me muero.
En las tardes en las que no soy, ni dejo ver, ni dejo sobrevivir.
Ni nada, ni nadie, con nada, con nadie, conmigo y sin mi.
Aprendiendo a sobrevivir, agonizando por existir.
Y cada día un poquito más
muerta.

