martes, 5 de marzo de 2013

Ramajes torrenciales.

Se me olvidaría que pasa el tiempo,
si no fuera porque pasa delante de mis narices corriendo.

Si quisiera olvidarme mi nombre en el viento, ya lo habría hecho,
pero resulta que lo llevo anudado en el pecho.

Puede que las ventanas lloren con la lluvia de los días fríos,
y cada mañana despierte sin saber si mis ramas alcanzaran algún día el cielo.

Y cada noche entierro una a una las estrellas que me miran mientras arden,
mientras mato lentamente los segundos respirando este aire tan crudo, tan violento, tan vivo y tan muerto.

Todo está envejeciendo. Todo está muriendo. Cada vez más deprisa.



Suéltalo. Al final, todo es un peso muerto.


1 comentario:

nanis kru dijo...

tienes razón .tendré que soltar lastre.