Soñaba en blanco y negro,soñaba con coches que escapaban de parkings entre arbustos,soñé con la lluvia de las películas antiguas.
Me senté junto ella en la cama,en la oscuridad,su rostro reflejaba una locura desdibujada en un blanco resplandor,en una sonrisa siniestra y maníaca.
Veíamos una película muda,sin hablar.Yo me recogía sobre la cama,temiendo por mis ojos y lo que pudiera ocurrirles.
Era la madre de alguien,eran cinco médicos con gafas,batas y guantes,manipulando un cadáver,manipulando la cara arrancada y superpuesta al cráneo de la mujer.
Veíamos como la piel se estiraba con pinzas,con alicates se tensaba la expresión,era la sonrisa,era su sonrisa.
Era la locura con los ojos cerrados y textura de los años cuarenta. Mi amiga me miraba y sonreía,aun manteniendo ese loco resplandor.
Me despertaba con miedo ante la luz matinal de las nueve de la mañana,con las sábanas por los tobillos y con el esqueleto agarrotado,con la mandíbula desencajada.
La taquicardia no cesaba jamás,el sueño no volvía nunca a mis ojos,el cruel destino del insomne y sus pesadillas,los delicados ruidos que causan jaqueca.
Desearía calmarme,adoraría notar la aguja en mi vena,notar el cálido aliento de la muerte adormecida adormeciéndome,coger las pastillas y tragármelas como si de la más suculenta polla se tratara,fumarme hasta los restos de la pipa,la ennegrecida adicción con la llama debajo...
Ojalá pudiera relajarme,ojalá pudiera derretirme y quemar mi cerebro,fumarme mi cuerpo,esnifarme mi sangre...