martes, 9 de abril de 2013

Volar y quemar

Está cada vez más nublado,
detrás de los ojos.

Cada vez más cegada por esa luz, iridiscencia de la condescendencia.
El vacío animal.
La taxidermia del alma.
El serrín de tanto pensar.

Los puntos de los putos hilos que agujerean, centímetro a centímetro, cada carrera perdida en las medias que ya no uso.
Han pasado muchos años y mi ropa es sólo harapos.
Han pasado muchos años desde que fui una muñeca de trapo y, ahora, me visto con las vísceras de todo lo que me como.
Toda esta sangre me nubla el cerebro porque no sangro desde dentro, solo me salpica toda esta maraña de venas abiertas que intento esquivar, como cada vez que recuerdo quién fui y que
intento soñar quién seré.
Es ahí cuando no puedo dormir más y me mastico la lengua para dejar de hablar.

Dientes rotos entre encías sangrantes, pieles perversas quitándose las escamas la una a la otra entre sibilinos movimientos en la arena del desierto.
Toda suena como si se estuviera rompiendo.
Todo esto es un huevo de dragón ardiendo.







1 comentario:

pedro dijo...

Sangre, fuego y vísceras...recuerdos? Ingenioso :)