Todos los hoy,
tienen un mañana,
pero los mañanas sólo tienen un ayer.
Todos los presentes se repiten sin ser,
siendo siempre diferente.
Todas las paradojas de cada pensamiento contrastado con los actos resbalan,
rápido,
como el paso del tiempo.
Exponencial.
Sin contar con nada más que la -cada vez más- abrumadora cantidad de segundos
perdidos/flotantes/ligeros/huidizos.
Queda sentarse y esperar, pero nunca se queda quieto donde está.
Y dibujar,
trazos de pensamiento discontinuo en lineas circulares, en capas de diemensiones virtuales que son sólo glitch.
El dolor de cabeza de las miles de marañas, las miles y millones de palabras.
Esquivas.
¿Qué esquivas?
Segundos como balas,
minutos como armas,
días que son como bombas estallando
una
detrás
de
otra.
El aprendizaje del sedentarismo y el desaprender a acomodarse, a hacerse un hueco, a sacar una burbuja de aire en el torrente sanguíneo que hace a mi corazón bombear.
Una pequeña arritmia a-temporal, a des-tiempo.
Un pequeño glitch se sucede, otra vez, en esta realidad en la que lo único real nunca es nada demostrable,
porque nunca es.
Todo deja de ser según hace boom, según hace tic, segun hace click.
Y todo es, otra vez, un glitch.
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