El intelecto,las masas que se pudren,las pieles que resbalan sobre la materia inerte de tu yo y mi tú.
Un respiro solitario al borde del acantilado me sirvió para darme cuenta de lo frío que es el mar y la calidez de nadar dentro de él .
Me sirvió aquella flor solitaria,aun sin florecer,para ver que aun en soledad puedes mecerte al son de la música del viento,las canciones de Gaia que nos hacen dormir...
Todo aquello que un día pareció importunarme se torno ligero y ausente,transparente al contraste de la luz del sol radiante.
Las gaviotas planeaban por los acantilados sobre las corrientes de aire que me atraían cada vez más hacia la inevitable gravedad de los acantilados.
Quisiera correr,impulsarme y volar,caer sobre ese mar nebuloso de ideas caóticas y ocupadas de velocidad,de impaciencia,de repercusión sobre nuestros deseos tanto como de nuestros sueños.
Quisiera besar las piedras de la carretera interminable del cielo,abrazar el infinito entre las sábanas del viento,ardiendo como el fuego violeta,la metamorfosis del alma armonizándose con las vibraciones del mar en una cueva...
Piedras curativas,sonidos que sanan el alma,que inflaman el corazón haciéndolo estallar en miles de ritmos por todo el cosmos,celebrando que por fin,ha salido el sol.
Fue entonces cuando me tumbé sobre la hierba mojada, como mis ojos,como mis manos,como la tierra que me sostiene ,abierta y cálida.
Inspira,expira...
Respira,suspira...
Drena tu mente del agua envenenada y deja que los pájaros de tu cabeza se pierdan en esas corrientes de aire helado,deja que las plumas acaricien tus nervios y los calmen,deja tus pies dirigirte hasta la última piedra del horizonte.
Déjate caer.
Sumérgete.
Muere y revive.
Y Vive.