Nuevos días se levantaban por la ventana cada día.
Al mismo tiempo,la noche cada vez estaba más cerca de anochecer amaneciendo,y el Sol de brillar con reflejos de luna de invierno.
Ninguna estación parecía certera,ningún ánimo permanecia estable y,las pobres flores,no se atrevían a florecer.
En un ambiente delicado,con viento perfumado,las caóticas tormentas bajo tierra tenían cabida bajo los pies de todos aquellos que leían las palabras perdidas de los cerebros naúfragos en ciudades heridas.
Conocimientos cimentados sobre capas de basura,desperdicios neuronales vagaban sin poder encontrar una ventana desde la que poder apreciar el amanecer anochecido,nadie sabía hacia dónde mirar cuando empezaba la primavera,el verano,el otoño,el invierno.
Las horas se volvían locas conforme el tiempo decidía pasar sólo de vez en cuando por aquel lugar,sin mostrar ni siquiera por unos segundos sus preciados minutos al huir de la tempestad temporal.
Una atemporalidad de subyacentes residuos y calaveras se escondía tras cicatrices y costras de un espacio tiempo que ya fue consumido,Y todos compartiamos pasos al unísono en esa cuidad,en ese terreno yermo y enfermo,todos nos preguntábamos por qué el cielo había pasado a tener ese extraño color fragmentado entre el morado y el azul desesperado.
Las noches se llenaban de gatos y las bocas rebosaban repeticiones de palabras agotadas de ser pronunciadas.
No supe qué hacer con ese frío verano en invierno,las plantas se podrían bajo mis carnosos brazos protectores y mi flor decidió cortarse y no volver a coserse.
Todas las pausas decidieron automutilarse y darle libre albedrío a auqella confusión del pánico onírico.
Creo que el tiempo sigue pasando,pero sólo lo creo.