lunes, 24 de junio de 2013

Quedarse, queda ser, ser quedado, sin estar.

Todos los hoy,
tienen un mañana,
pero los mañanas sólo tienen un ayer.
Todos los presentes se repiten sin ser,
siendo siempre diferente.
Todas las paradojas de cada pensamiento contrastado con los actos resbalan,
rápido,
como el paso del tiempo.
Exponencial.
Sin contar con nada más que la -cada vez más- abrumadora cantidad de segundos
perdidos/flotantes/ligeros/huidizos.
Queda sentarse y esperar, pero nunca se queda quieto donde está.
Y dibujar,
trazos de pensamiento discontinuo en lineas circulares, en capas de diemensiones virtuales que son sólo glitch.

El dolor de cabeza de las miles de marañas, las miles y millones de palabras.
Esquivas.
¿Qué esquivas?
Segundos como balas,
minutos como armas,
días que son como bombas estallando
una
detrás
de
otra.
El aprendizaje del sedentarismo y el desaprender a acomodarse, a hacerse un hueco, a sacar una burbuja de aire en el torrente sanguíneo que hace a mi corazón bombear.
Una pequeña arritmia a-temporal, a des-tiempo.
Un pequeño glitch se sucede, otra vez, en esta realidad en la que lo único real nunca es nada demostrable,
porque nunca es.
Todo deja de ser según hace boom, según hace tic, segun hace click.
Y todo es, otra vez, un glitch. 



martes, 4 de junio de 2013

Treinta y nueve fantasmas

Pequeños problemas,
como el movimiento de los dientes.
Como la miel solidificada, fría, guardada en lugares oscuros, frescos y secos.

Las agujetas insoportables de la nuca y la inflamación de las vejigas infectadas.
Microbios en la cama, sudando la fiebre de historias contadas.
Las sábanas que se pegan en la cara, como la miel fría, como las entrañas infectadas.

Pequeños problemas como el caerse de las propias piernas, sin sostener la balanza que antes te equilibraba cuando andabas.

Cómo andabas antes de infectarte, cómo andabas antes de dolerte.
Pequeños problemas, sin importancia.
Pequeñas importancias de grandes problemas.
La problemática eterna de la hinchazón y la resaca, de pelos que se enredan entre cuatro cabezas en la cama.
De la hidra de las noches que son noches en días y los días que pasan de las seis de la madrugada.
Pequeñas problemáticas que duelen en la garganta.
Y poco a poco, vienen los fantasmas.
Poco a poco, todos los fantasmas.
Poco a poco, pequeños fantasmas.
Fantasmas dolorosos, sin gran importancia.








viernes, 17 de mayo de 2013

Cadencias del desencanto

Quiero pensar que sólo es una fase.

Quiero decirte todas esas cosas que dentro de mi cabeza ya te he dicho.

Dejar de proyectar acontecimientos que pertenecen al futuro, en mis pesadillas.

Romperte la cara con todos mis ceniceros llenos de colillas de los cigarros que me consumen, me queman y me llenan de ceniza.

Un mal peor, un bien mejor.

Mejor dicho, todo me lo callo.

Nada más queda por decir, porque no dejo de inventarlo.

Retroceciendo en los actos que no dejan de acontecerse en un mundo imaginario, lloro cuando no dejo que nadie me vea, ni me mire, ni me toque.

Arañando superficialmente la capa de realidad que, desgraciadamente, me envuelve.

Cuando cuento los segundos que tanto me atormentan, que tanto me agreden con sus dedos llenos de agujas y limón, cuando todo esto pasa intento dormir, intento huir, intento desracionalizar la locura que escuece dentro de los ojos.
Pero los días siguen grises.
Las mañanas siguen frías.
Sin pies, rotas las rodillas, corriendo en círculos por mi habitación. Todo es azul, aguamarina.
Todos los bucles de mi cara se repiten día a día.
Bajando a vertiginosas velocidades en direcciones que no responden a las leyes de la física me caigo por agujeros de conejos sin tiempo, ni vida. Sin sillas.
Es el limbo de las pesadillas, entrecortando la cobertura de mis llamadas perdidas.
Son todas las palabras que no le digo a nadie y me raspan la garganta y me duelen en la cabeza.
Llorar ya no arregla nada.
Dormir ya no guarda mis secretos.
Vivir aún no significa.
Arrancarme la garganta, cortar quince kilos de carne. Dentro de lo legal.
Intento no sentir nada. No sentirme. No sentir-lo.
El corazón se reproduce con una latencia infinita de sonido y pulsaciones atenuadas con el fin sonoro del que se queda mudo por voluntad propia.
Idílico voto de silencio, encorvándose bajo mi mesa, mirándome por todas las ventanas.
Voto de silencio que tampoco dice nada.
Des-troceada.
Poco importa nada.



jueves, 2 de mayo de 2013

Click

Nada se arregla
cuando todo está roto.
Nada se pierde,
cuando encuentras todo.
Nada viaja mientras todo se queda en casa.
En todos los rincones de tu puta casa.

Nada desaparece por las ventanas cuando abres para refrescar.
Todo se cuela rápidamente para meterse en tu cama.
Nada es el viento que se mueve por tu espalda cuando tu ropa está toda mojada
Nada está roto,
pero todo lo arregla.
Todo está roto,
pero nada lo arregla.








miércoles, 24 de abril de 2013

adnauseam

Fuma, fuma.
Pasa, piensa.

Fuma, rueda, pilla, corre, atrapa, siente, agarra, suelta.
Fuma, fuma.
Piensa, piensa.
Corre, que te pillo.
Corre , que te pillan.
Corre, pilla.
Corre, que si piensas no te atrapan.
Piensas que si corres, no te atrapan.
Suelta.
Fuma.
Humo.
Nada.
Suelta.
Duele.
Llora.
Muere.
Otra vez.
Igual.
Pasa.
¡Corre!
Suelta.
Humo.
Nada.
Repite.
Choca.
Duele.
¿Otra vez?
Colisiona.
Erosiona.
Piedra duras.
Arena.
La playa.
El agua.
A las ocho de la mañana.
Soles en movimiento.
Noches estancadas.
Cemento.
Gira.
Date la vuelta.
¿Repetimos? 

martes, 9 de abril de 2013

Volar y quemar

Está cada vez más nublado,
detrás de los ojos.

Cada vez más cegada por esa luz, iridiscencia de la condescendencia.
El vacío animal.
La taxidermia del alma.
El serrín de tanto pensar.

Los puntos de los putos hilos que agujerean, centímetro a centímetro, cada carrera perdida en las medias que ya no uso.
Han pasado muchos años y mi ropa es sólo harapos.
Han pasado muchos años desde que fui una muñeca de trapo y, ahora, me visto con las vísceras de todo lo que me como.
Toda esta sangre me nubla el cerebro porque no sangro desde dentro, solo me salpica toda esta maraña de venas abiertas que intento esquivar, como cada vez que recuerdo quién fui y que
intento soñar quién seré.
Es ahí cuando no puedo dormir más y me mastico la lengua para dejar de hablar.

Dientes rotos entre encías sangrantes, pieles perversas quitándose las escamas la una a la otra entre sibilinos movimientos en la arena del desierto.
Toda suena como si se estuviera rompiendo.
Todo esto es un huevo de dragón ardiendo.







jueves, 21 de marzo de 2013

Hipnosis

Al menos me muero,
otro día,
sola.

Espero,
que el paso muerto de este vuelo deje un rastro profundo de lo que fue este viaje rastrero.
Y me muero de hambre,
de lo que nunca comí,
como todos esos días en los que decidí dormir.

Y ver poco a poco fragmentos del futuro nunca digerido,
con el escozor subyacente de las cosas que recuerdas,
que me duelen en la cabeza cuando sangro, cuando parpadeo o cuando simplemente, sobrevivo.
Está todo intrínsecamente enredado en mi pelo,
en los días en los que en vez de dormir, me muero.
En las tardes en las que no soy, ni dejo ver, ni dejo sobrevivir.
Ni nada, ni nadie, con nada, con nadie, conmigo y sin mi.
Aprendiendo a sobrevivir, agonizando por existir.
Y cada día un poquito más
muerta.