miércoles, 11 de septiembre de 2013

73 Fahrenheit


I’m forgetting who I used to be,
because it's eating myself apart.
I feel like burning it up again
so with the fire I can walk.
It is not a burst in that exclusion
what I want to cause,
nor just a memory,  nor just a billion chitty chats.
Just hit the pause for that vhs,
like all the colors on the tv were crooked.
The crucifixion of the soul,
shattering this future winter cold,
into four big pieces of glass
to look trough at a reflexion of the self.




jueves, 5 de septiembre de 2013

Gone

Todo lo que recordaba, se recordaba con una cierta nostalgia del color de las rosas secas.
Todo lo que recordaba colgaba de la persiana y se recogía con la misma cuerda que me dejaba ver la ventana.
La luz.
A través de la ventana.
Los ladrillos, tajantes por la mañana en las horas tempranas.
Eres una ciudad bella y ajada, estas llena de miles de fantasmas.
Si los fantasmas recordaran, su color sería el de esta fachada, sus ojos serían todas las rosas que estuvieron algún día colgadas de alguna persiana.
Su piel sería del color de las madrugadas en las que se expiran entrañas, extrañando miradas, sabanas, pinceladas difusas de la vida y el recuerdo y la defragmentacion de la realidad.
Todo es un lienzo.
Recuerda como era cuando pintabas.



lunes, 12 de agosto de 2013

Las cosas bonitas

Cosas que te hablan.
Personas que te gritan.
Vacíos que dialogan con tus ruidos, hablando de silencios
y de las horas que pasan cuando recuerdas
esos pequeños alaridos.
Y los gritos de las palomas por la mañana.

Al pasar por tu casa,
¿te acuerdas?
Es tu casa.
En tu calle. Siempre es la misma.
La calle de las miles de farolas y las puertas que nadie abre
La calle de las mil y una noches que se repiten y se superponen la una encima de la otra.
Hasta que solo son una.
Como una lluvia de estrellas.
Miles de fragmentos, de solo un cuerpo celeste

Lágrimas que llueven como asteroides por mi cara.
Y un silencio que me prepara para la mañana.
Cubriendo la noche de viento y almohadas intento traspasar el sueño a la cama,
en vez de mirarlo siempre a la cara,
que no llueve y sólo suena
como si estuviera cubierta de arañas.
Y la calma me causa migrañas.
Y mis ganas desengañan la noche y todas estas palabras.
Y la trsiteza es infinita,
como todas las estrellas,
que a veces llueven,pero que no siempre ves.


lunes, 24 de junio de 2013

Quedarse, queda ser, ser quedado, sin estar.

Todos los hoy,
tienen un mañana,
pero los mañanas sólo tienen un ayer.
Todos los presentes se repiten sin ser,
siendo siempre diferente.
Todas las paradojas de cada pensamiento contrastado con los actos resbalan,
rápido,
como el paso del tiempo.
Exponencial.
Sin contar con nada más que la -cada vez más- abrumadora cantidad de segundos
perdidos/flotantes/ligeros/huidizos.
Queda sentarse y esperar, pero nunca se queda quieto donde está.
Y dibujar,
trazos de pensamiento discontinuo en lineas circulares, en capas de diemensiones virtuales que son sólo glitch.

El dolor de cabeza de las miles de marañas, las miles y millones de palabras.
Esquivas.
¿Qué esquivas?
Segundos como balas,
minutos como armas,
días que son como bombas estallando
una
detrás
de
otra.
El aprendizaje del sedentarismo y el desaprender a acomodarse, a hacerse un hueco, a sacar una burbuja de aire en el torrente sanguíneo que hace a mi corazón bombear.
Una pequeña arritmia a-temporal, a des-tiempo.
Un pequeño glitch se sucede, otra vez, en esta realidad en la que lo único real nunca es nada demostrable,
porque nunca es.
Todo deja de ser según hace boom, según hace tic, segun hace click.
Y todo es, otra vez, un glitch. 



martes, 4 de junio de 2013

Treinta y nueve fantasmas

Pequeños problemas,
como el movimiento de los dientes.
Como la miel solidificada, fría, guardada en lugares oscuros, frescos y secos.

Las agujetas insoportables de la nuca y la inflamación de las vejigas infectadas.
Microbios en la cama, sudando la fiebre de historias contadas.
Las sábanas que se pegan en la cara, como la miel fría, como las entrañas infectadas.

Pequeños problemas como el caerse de las propias piernas, sin sostener la balanza que antes te equilibraba cuando andabas.

Cómo andabas antes de infectarte, cómo andabas antes de dolerte.
Pequeños problemas, sin importancia.
Pequeñas importancias de grandes problemas.
La problemática eterna de la hinchazón y la resaca, de pelos que se enredan entre cuatro cabezas en la cama.
De la hidra de las noches que son noches en días y los días que pasan de las seis de la madrugada.
Pequeñas problemáticas que duelen en la garganta.
Y poco a poco, vienen los fantasmas.
Poco a poco, todos los fantasmas.
Poco a poco, pequeños fantasmas.
Fantasmas dolorosos, sin gran importancia.








viernes, 17 de mayo de 2013

Cadencias del desencanto

Quiero pensar que sólo es una fase.

Quiero decirte todas esas cosas que dentro de mi cabeza ya te he dicho.

Dejar de proyectar acontecimientos que pertenecen al futuro, en mis pesadillas.

Romperte la cara con todos mis ceniceros llenos de colillas de los cigarros que me consumen, me queman y me llenan de ceniza.

Un mal peor, un bien mejor.

Mejor dicho, todo me lo callo.

Nada más queda por decir, porque no dejo de inventarlo.

Retroceciendo en los actos que no dejan de acontecerse en un mundo imaginario, lloro cuando no dejo que nadie me vea, ni me mire, ni me toque.

Arañando superficialmente la capa de realidad que, desgraciadamente, me envuelve.

Cuando cuento los segundos que tanto me atormentan, que tanto me agreden con sus dedos llenos de agujas y limón, cuando todo esto pasa intento dormir, intento huir, intento desracionalizar la locura que escuece dentro de los ojos.
Pero los días siguen grises.
Las mañanas siguen frías.
Sin pies, rotas las rodillas, corriendo en círculos por mi habitación. Todo es azul, aguamarina.
Todos los bucles de mi cara se repiten día a día.
Bajando a vertiginosas velocidades en direcciones que no responden a las leyes de la física me caigo por agujeros de conejos sin tiempo, ni vida. Sin sillas.
Es el limbo de las pesadillas, entrecortando la cobertura de mis llamadas perdidas.
Son todas las palabras que no le digo a nadie y me raspan la garganta y me duelen en la cabeza.
Llorar ya no arregla nada.
Dormir ya no guarda mis secretos.
Vivir aún no significa.
Arrancarme la garganta, cortar quince kilos de carne. Dentro de lo legal.
Intento no sentir nada. No sentirme. No sentir-lo.
El corazón se reproduce con una latencia infinita de sonido y pulsaciones atenuadas con el fin sonoro del que se queda mudo por voluntad propia.
Idílico voto de silencio, encorvándose bajo mi mesa, mirándome por todas las ventanas.
Voto de silencio que tampoco dice nada.
Des-troceada.
Poco importa nada.



jueves, 2 de mayo de 2013

Click

Nada se arregla
cuando todo está roto.
Nada se pierde,
cuando encuentras todo.
Nada viaja mientras todo se queda en casa.
En todos los rincones de tu puta casa.

Nada desaparece por las ventanas cuando abres para refrescar.
Todo se cuela rápidamente para meterse en tu cama.
Nada es el viento que se mueve por tu espalda cuando tu ropa está toda mojada
Nada está roto,
pero todo lo arregla.
Todo está roto,
pero nada lo arregla.