Las expectativas realistas.
Las expectativas cinematográficas.
Las expectativas de papá y mamá.
Las expectativas de tus amigos.
Las expectativas de tu perro.
Las expectativas de tu familia entera.
Las expectativas de la vecina.
Las expectativas del perro de la vecina.
Las expectativas de los pájaros de las cinco y media de la mañana.
Las expectativas de todos tus profesores sobre ti, tu talento, tu potencial y tu futuro.
Las expectativas de tus fracasos.
Las expectativas de tu profesora de educacion fisica.
Las expectativas de tus parejas.
Las expectativas de los desconocidos.
Las expectativas de los cojones de mi padre y los ovarios de mi madre.
El lenguaje es engañoso y demasiado amplio, y a la vez demasiado escaso como para expresar que, a veces, las únicas expectativas que quiero tener sobre mi misma es algo que involucre muchos gritos, mucho sudor y mucho agotamiento. No me refiero precisamente al sexo, al menos no conscientemente. Sólo a la explotación indiscriminada del latir y del vivir. De las cosas que suenan dentro de los edificios que no puedes ver.
Todo ese ruido que hay fuera de ti, hay dentro de ti.
Y todo arde cada día un poco más. Y toda esa ceniza me ahoga cada día un poco más.
Necesito la vitalidad, la animalidad.
No la
Qué es esto si no lo que sea que piensas, que sientas. Que es todo un piloto automático hasta que ocurre el accidente y te preguntas, ¿Por qué toda esa sangre?





